En camino

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martes, 7 de enero de 2014

Tiempo de hacer extraordinarias todas las cosas



Mañana finalizan los días de vacaciones oficiales y se reabre mi lugar de trabajo. En estos dos últimos años de crisis económica mi Universidad tomó la decisión de cerrar todos los edificios durante los periodos vacacionales para tratar de reducir el consumo de electricidad y calefacción y poder ahorrar. La medida tiene su lógica teniendo en cuenta que apenas hay nadie por allí durante esos periodos. Decidí no traerme a casa en vacaciones los trabajos y prácticas de mis alumnos y cuando me encontré la imagen que acompaña a esta entrada en un periódico, me vino a la cabeza lo que me espera mañana en la mesa de mi despacho, ¡algunos cientos de prácticas y de trabajos que corregir y evaluar de aquí a unos días!. Bien es cierto que muchos ya los he leído ya que intento llevarlos al día... pero, en todo caso, las próximas semanas se presentan interesantes.
Pienso también que este puede ser el aspecto en este momento de las mesas de trabajo de mis alumnos/as, en su caso copadas por los kilos de apuntes con nuestras explicaciones y sugerencia de lecturas para las diferentes asignaturas... Seguro que muchos de ellos me han tenido muy presente durante estas vacaciones, alguna duda ya he resuelto en este año por correo electrónico...
Se reabre la facultad y retomamos, por lo tanto, el tiempo ordinario con sus lugares y personas habituales y sus quehaceres, quizá en apariencia, nada extraordinarios. Sin embargo es en esa cotidianidad ordinaria donde se nos plantea el reto de encontrarnos con el Dios-con-nosotros que nos ha nacido y camina a nuestro lado. Hoy también me venía a la mente una frase de la Madre Teresa que me encanta y que trataré de aplicar en este tiempo de re-comienzos: "¡hacer las cosas ordinarias con un amor extraordinario!, bonita tarea para estos días y para siempre porque es en esa cotidianidad donde nos estamos jugando la vida, donde fructifican nuestros talentos y donde se nos pide ser sal y luz aquí y ahora, quizá mañana sea en otro lugar... allá donde los sueños nos lleven. En todo caso, ¡siempre en marcha!, con los pies en la tierra caminando al paso de los hombres, con
las alas listas para alzar el vuelo y con un corazón dispuesto a hacer extraordinarias todas las cosas.



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