En camino

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lunes, 2 de diciembre de 2013

#evangeliodehoy: No soy digna de que entres en mi casa


Confieso que estas palabras del Centurión del Evangelio de hoy y el mensaje que contienen siempre me han resultado fascinantes, confieso también que en cada Eucaristía saboreo el momento en que las proclamamos y siento que me ayudan a prepararme para recibir la comunión.  
Me cautiva la fe de este hombre, un hombre tenaz y acostumbrado a mandar que sin embargo busca a Jesús para interceder por uno de sus subordinados que se encontraba enfermo, con la confianza en que Jesús podía curar y salvar a su trabajador/a su hermano sin ni siquiera verlo o tocarlo. Le bastaba que dijera una palabra. 
Leo el texto y descubro una segunda razón por la que el Centurión no quiso que Jesús fuera a su casa, y es que en el Evangelio de alguna forma quizá se refleje también que no se sentía digno de recibirle en ella. 
Quizá su morada estuviera, quizá nuestra morada, esté un poco dejada como la de la imagen, quizá necesitemos abrir la ventana y emplearnos a fondo en una buena limpieza general que se lleve el polvo y tantos objetos inútiles que todos atesoramos, quizá nos venga bien invertir algo de tiempo también en recolocar nuestros afanes y quizá no nos venga nada mal tampoco adquirir nuevos hábitos saludables que incorporar a la decoración de nuestra estancia. 
¿De qué polvo y objetos inútiles he de desprenderme en este momento?, ¿por dónde van mis afanes cotidianos?, ¿cuáles son esos nuevos "hábitos saludables" que deba incorporar, quizá reincoporar, para decorar mi estancia?: ¿examen del día?, ¿cuidar mis ratos de oración?, ¿quitarme los cascos, aparcar el whassap mientras viajo en el autobús o en el metro y estar más atenta a la vida que hay fuera de la red?, ¿tener una palabra amable hacia ese, sí ese, con el que me cuesta especialmente?...

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