En camino

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sábado, 26 de octubre de 2013

XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 27 DE OCTUBRE DE 2013


LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 18, 9-14
En aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás:
- Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo." El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador." Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Señor:
Ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes
y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.
Si me das fortuna, no me quites la razón,
Si me das el éxito, no me quites la humildad,
Si me das humildad, no me quites la dignidad.
Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla,
No me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar igual que yo.
Enséñame a querer a la gente como a mi mismo
Y a no juzgarme como a los demás. No me dejes caer
En el orgullo si triunfo, ni en la desesperación si fracaso.
Más bien recuérdame que el fracaso es la experiencia
que precede al triunfo.
Enséñame que perdonar es un signo de grandeza
Y que la venganza es una señal de bajeza.
Si me quitas el éxito, déjame fuerzas para aprender del fracaso.
Si yo ofendiera a la gente, dame valor para disculparme y si
La gente me ofende, dame valor para perdonar.
¡Señor… si yo me olvido de ti, nunca te olvides de mí!
Mahatma Gandi


Oración humilde 
¿Qué tengo yo, Señor Jesús, que tú no me hayas dado?
¿Qué sé yo, que tú no me hayas enseñado?
¿Qué valgo yo, si no estoy a tu lado?
¿Qué merezco yo si a ti no estoy unido?
¡Perdóname los yerros que contra ti he cometido! Pues me creaste sin que lo mereciera. Me redimiste sin que te lo pidiera. Mucho hiciste en crearme, mucho en redimirme y no serás menos generoso en perdonarme, pues la mucha sangre que derramaste y la acreba muerte que padeciste no fue por los ángeles que te alaban sino por mí y demás pecadores que te ofenden.
Si te he negado, déjame reconocerte; si te he injuriado, déjame alabarte; si te he ofendido, déjame servirte; porque es más muerte que vida la que no está empleada en tu santo servicio.
Amén.
P. Mateo Crawley-Boevey SSCC

Humíllate conmigo
Tú, Jesús humilde, nunca me has dicho:
Humíllate ante mí, dobla la cabeza,
el corazón, la vida,
y esparce sobre tu rostro luto y ceniza.
Tú me propones:
Levanta la mirada,
y acoge la dignidad de hijo en toda tu estatura. 
Humíllate conmigo
y vive en plenitud.
Bajemos juntos
a la hondura sin sol
de todos los abismos,
para transformar
los fantasmas en presencia y los espantos en apuesta.
Únete a mi descenso
en el vértigo y el gozo
de perdernos juntos
en el porvenir de todos
sin ser un orgulloso inversor de éxitos seguros.

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