En camino

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miércoles, 30 de octubre de 2013

#hablafrancisco sobre la esperanza: de anclas y partos


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“La esperanza no es un optimismo, no es la capacidad de mirar las cosas con buen ánimo e ir hacia delante. No, esto es optimismo, no esperanza. La esperanza no es una actitud positiva ante las cosas. Estas personas luminosas, positivas… Estos es bueno ¿eh?. Pero no es la esperanza. No es fácil entender lo que es la esperanza. Se dice que es la más humilde de las virtudes, porque se esconde en la vida. La fe se ve, se siente, se sabe qué es. La caridad se hace, se sabe qué es. Pero ¿qué es la esperanza? ¿Qué es una actitud de esperanza? Para acercarnos un poco podemos decir en primer lugar que la esperanza es un riesgo, es una virtud arriesgada, es una virtud, como dice San Pablo, ‘de una ardiente expectación hacia la revelación del Hijo de Dios’. No es una ilusión”.
Los primeros cristianos, ha recordado el Papa, la “pintaban como un ancla: la esperanza es un ancla, un ancla fija en la orilla” del Más Allá. Y nuestra vida es exactamente un caminar hacia este ancla.
“Me viene la mente una pregunta: ¿dónde estamos anclados nosotros, cada uno de nosotros? ¿Estamos anclados allí, en la orilla de ese océano tan lejano o estamos anclados en una laguna artificial que hemos creado nosotros, con nuestras reglas, nuestros comportamiento, nuestros horarios, nuestros clericalismos, nuestros comportamientos eclesiásticos? no eclesiales ¿eh? ¿Estamos anclados allí? Todo cómodo, todo seguro, ¿Eh? Esta no es la esperanza ¿Dónde está anclado mi corazón, allí en esta laguna artificial, con un comportamiento verdaderamente impecable…?
San Pablo, añadió, indica además otro icono de la esperanza, la del parto. “Estamos en espera –observó- esto es un parto. Y la esperanza está en esta dinámica”, de “dar vida”. Pero, añadió, “la primicia del Espíritu no se ve”. Y sin embargo sé que “el Espíritu trabaja”. Trabaja en nosotros “como si fuese un grano de mostaza pequeño, pero dentro está lleno de vida, de fuerza, que va hacia delante”, hasta convertirse en árbol. El Espíritu trabaja como la levadura. Así, añadió, “trabaja el Espíritu: no se ve, pero está. Es una gracia que hay que pedir”.
Una cosa es vivir en la esperanza, porque en la esperanza estamos salvados y otra cosa es vivir como buenos cristianos, no más. Vivir en espera de la revelación o vivir bien lo mandamientos, estar anclados en la orilla de allá o aparcados en la laguna artificial. Pienso en María, una chica joven, cuando, después de que ella ha notado que era mamá, ha cambiado su comportamiento y va, ayuda y canta aquel canto de alabanza. Cuando una mujer se queda embarazada es una mujer, pero no es solo eso: también es madre. Y la esperanza se parece un poco a esto. Cambiamos el comportamiento: somos nosotros, pero no somos nosotros; somos nosotros, buscando más allá, anclados allá”.

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