En camino

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miércoles, 19 de junio de 2013

De distancias de seguridad


Hace unos días leí en pastoralsj esta contribución que me enganchó y me apetece compartirla con vosotros.   Y es que.... ¡cuánto bien hace, o cuanto mal deja de hacer, estar atento a las señales y mantener  esa distancia de seguridad con personas, Instituciones, situaciones...!. Me vino al corazón también el poema de Teilhard de Chardin que adjunto al final de este post. 

Distancia de seguridad
Hace unos días fui a Madrid a visitar a la familia y aprovechar para visitar la ciudad. Camino de Madrid, por la autovía, me encontré varias veces el cartel luminoso con un mensaje: «Mantenga la distancia de seguridad»… y pensé que es una frase que se puede aplicar a muchas de nuestras realidades y situaciones diarias, porque de no mantener la distancia podemos tener problemas de 'seguridad'.
Es necesario a veces, en este viaje que llamamos vida, mantener la distancia de seguridad con esas personas o situaciones que nos restan, que nos hacen dependientes, que van achicando nuestra originalidad, nuestra personalidad… así que pensé que igual este cartel es una 'señal' para retomar eso que se propone en los ejercicios espirituales, de analizar si las 'cosas' (entendiendo por cosas también personas, situaciones…) me hacen bien por ser sanas, por ayudarme a crecer y entonces tengo que seguir entrelazándolas a mi vida; o si por el contrario hay personas y situaciones que no hacen bien y ante las cuales tengo que mantener la distancia de seguridad.
Pues que tengáis buen viaje por esta vida nuestra, y atentos a las señales.
Agustín Couto Picos

Adora y confía
No te inquietes por las dificultades de la vida,
por sus altibajos, por sus decepciones,
por su porvenir más o menos sombrío.
Quiere lo que Dios quiere.
Ofrécele en medio de inquietudes y dificultades
el sacrificio de tu alma sencilla que, pese a todo,
acepta los designios de su providencia.
Poco importa que te consideres un frustrado
si Dios te considera plenamente realizado;
a su gusto.
Piérdete confiado ciegamente en ese Dios
que te quiere para sí.
Y que llegará hasta ti, aunque jamás le veas.
Piensa que estás en sus manos,
tanto más fuertemente cogido,
cuanto más decaído y triste te encuentres.
Vive feliz. Te lo suplico.
Vive en paz.
Que nada te altere.
Que nada sea capaz de quitarte tu paz.
Ni la fatiga psíquica. Ni tus fallos morales.
Haz que brote, y conserva siempre sobre tu rostro
una dulce sonrisa, reflejo de la que el Señor
continuamente te dirige.
Y en el fondo de tu alma coloca, antes que nada,
como fuente de energía y criterio de verdad,
todo aquello que te llene de la paz de Dios.
Recuerda: 
cuanto te reprima e inquiete es falso.
Te lo aseguro en nombre de las leyes de la vida
y de las promesas de Dios.
Por eso, cuando te sientas 
apesadumbrado,
triste,
adora y confía...
P. TEILHARD DE CHARDIN

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