En camino

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viernes, 8 de febrero de 2013

V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 10 DE FEBRERO DE 2013

DEJÁNDOLO TODO... LO SIGUIERON...


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Lectura del santo Evangelio según San Lucas 5, 1-11
En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.
Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
Rema mar adentro y echad las redes para pescar.
Simón contestó:
–Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo:
–Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.
Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Jesús dijo a Simón:
No temas: desde ahora, serás pescador de hombres.
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

ORACIÓN:
La llamada del Todo
Hay que dejarlo todo
en el seguimiento de Jesús.
Primero se dejan las cosas,
lo que se recibe heredado
y viene grapado al apellido,
lo que es fruto del trabajo
y lleva nuestra huella.
También hay que dejarse
a sí mismo,
los propios miedos
con su parálisis,
y los propios saberes
con sus rutas ya trazadas.
Después hay que entregar
las llaves del futuro,
acoger lo que nos ofrece
el Señor de la historia,
y avanzar en diálogo
de libertades encontradas
mutuamente para siempre.
Se unifican en un único paso
en la nueva puntada del tejido.
Con la claridad del mediodía
se renuncia al sueño
de la imposible perfección.
Se acerca al alejarse,
cuando no nos derrotamos
por la mella de los sentidos,
el despojo de habilidades,
y el extinguirse lento
de los fuegos originarios.
Al fin, hojas otoñales
apenas apegadas a las ramas
sólo queda abandonarse,
y casi disueltas como niñas,
permitirse ser desde el Otro,
desde todo otro,
y todavía tibios como brasas
entregarse al misterio
que nos acoge a todas
en su hogar de fuego,
donde brillan de eternidad
nuestras cenizas.
¿Cómo abandonarlo todo
sin sentir al Todo
llenar nuestras ausencias
y seducir nuestros haberes?
Benjamín González Buelta, sj

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