En camino

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domingo, 2 de diciembre de 2012

Indignación y esperanza, José Antonio Pagola

Éxodo en el Congo, 23/11/2012 - AFP Decenas de personas, residentes de Sake huyen de los enfrentamientos entre el gobierno y rebeldes del M23, a través de una carretera entre Sake y Goma. Los refugiados han denunciado numerosos actos de violación y robo por parte de ambos bandos.

En estos tiempos convulsos, dentro y fuera, cerca y lejos, me ha resultado muy sugerente la lectura orante de esta Homilia de J.A. Pagola, en la que nos anima, al estilo de Jesús, a reavivar nuestra confianza, levantar el ánimo y a despertar la esperanza. Pero no una esperanza cualquiera, bobalicona, ingenua, "de temporada", de luces y melodías suaves o alborotadas, de adornos, regalos y buenos deseos y, a veces fugaces propósitos.
Sino una esperanza encarnada, muy pegada a la realidad, sangrante, hiriente, dura... en la que muchos de nuestros hermanos/as viven a diario. Me ha enganchado especialmente, y está muy en sintonía con algún post que he escrito esta semana, su invitación a mantener la INDIGNACIÓN muy pegada a la esperanza. Y, es que, según él, "solo hay un camino: estar junto a los que se están quedando sin nada, hundidos en la desesperanza, la rabia y la humillación."
Sí, hemos de estar despiertos, y junto a todo lo bueno que nos rodea y se nos regala cada día y por lo que hemos de ser y estar agradecidos, no  hemos de olvidarnos de aquello que no es tan bueno, ni va tan bien, de aquellos que, más cerca de lo que sospechamos (también un poco más lejos),  lo están pasando mal. Aquellos que quizá ya han perdido la esperanza... Ellos cuentan con nosotros, ellos nos piden que nos pongamos en pie, que levantemos la cabeza, que seamos su voz, que sintamos con ellos, que luchemos con ellos, que nuestra indignación nos lleve a la acción, con la confianza en que la noche no tendrá la última palabra.

1 Adviento (C) Lucas 21,25-28. 34-36
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).
ECLESALIA, 28/11/12.- Una convicción indestructible sostiene desde sus inicios la fe de los seguidores de Jesús: alentada por Dios, la historia humana se encamina hacia su liberación definitiva. Las contradicciones insoportables del ser humano y los horrores que se cometen en todas las épocas no han de destruir nuestra esperanza.
Este mundo que nos sostiene no es definitivo. Un día la creación entera dará “signos” de que ha llegado a su final para dar paso a una vida nueva y liberada que ninguno de nosotros puede imaginar ni comprender.
Los evangelios recogen el recuerdo de una reflexión de Jesús sobre este final de los tiempos. Paradójicamente, su atención no se concentra en los “acontecimientos cósmicos” que se puedan producir en aquel momento. Su principal objetivo es proponer a sus seguidores un estilo de vivir con lucidez ante ese horizonte.
El final de la historia no es el caos, la destrucción de la vida, la muerte total. Lentamente, en medio de luces y tinieblas, escuchando las llamadas de nuestro corazón o desoyendo lo mejor que hay en nosotros, vamos caminando hacia el misterio último de la realidad que los creyentes llamamos “Dios”.
No hemos de vivir atrapados por el miedo o la ansiedad. El “último día” no es un día de ira y de venganza, sino de liberación. Lucas resume el pensamiento de Jesús con estas palabras admirables: “Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación”. Solo entonces conoceremos de verdad cómo ama Dios al mundo.
Hemos de reavivar nuestra confianza, levantar el ánimo y despertar la esperanza. Un día los poderes financieros se hundirán. La insensatez de los poderosos se acabará. Las víctimas de tantas guerras, crímenes y genocidios conocerán la vida. Nuestros esfuerzos por un mundo más humano no se perderán para siempre.
Jesús se esfuerza por sacudir las conciencias de sus seguidores. “Tened cuidado: que no se os embote la mente”. No viváis como imbéciles. No os dejéis arrastrar por la frivolidad y los excesos. Mantened viva la indignación. “Estad siempre despiertos”. No os relajéis. Vivid con lucidez y responsabilidad. No os canséis. Mantened siempre la tensión.
¿Cómo estamos viviendo estos tiempos difíciles para casi todos, angustiosos para muchos, y crueles para quienes se hunden en la impotencia? ¿Estamos despiertos? ¿Vivimos dormidos? Desde las comunidades cristianas hemos de alentar la indignación y la esperanza. Y solo hay un camino: estar junto a los que se están quedando sin nada, hundidos en la desesperanza, la rabia y la humillación.

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