En camino

En camino

lunes, 22 de octubre de 2007

Quiero creer que estoy volviendo


Hola a todos y a todas, llevo muchos días sin escribir, por diversos motivos, no solo porque mi ordenador se declaro en huelga temporal, no sólo porque mi hermano pequeño nos ha dado un gran susto de salud, no sólo porque esté aún en plena mudanza y rodeada de cajas por todas partes, no solo por... y por...

Sino sobre todo por... porque no encuentro mi alma. Aún está de viaje, mi cuerpo ha llegado de Bruselas, de mi comunidad, de mi barrio hace ya unos días, pero mi alma juguetona, viajera... sigue vagando por algún lugar desconocido, extraño...

Quiero creer que estoy volviendo, gracias a aquellos que estáis siendo abrazo estos días...

Quiero creer que estoy volviendo y sin embargo sigo teniendo ganas de marcharme...

Me duele ese alma que algún día se recolocará, me duele su ausencia, me duele el dolor, me duele el amor.


Quiero creer que estoy volviendo de Mario Benedetti

Vuelvo / quiero creer que estoy volviendo
con mi peor y mi mejor historia
conozco este camino de memoria
pero igual me sorprendo


hay tanto siempre que no llega nunca
tanta osadía tanta paz dispersa
tanta luz que era sombra y viceversa
y tanta vida trunca

vuelvo y pido perdón por la tardanza
se debe a que hice muchos borradores
me quedan dos o tres viejos rencores
y sólo una confianza

reparto mi experiencia a domicilio
y cada abrazo es una recompensa
pero me queda / y no siento vergüenza /
nostalgia del exilio

en qué momento consiguió la gente
abrir de nuevo lo que no se olvida
la madriguera linda que es la vida
culpable o inocente

vuelvo y se distribuyen mi jornada
las manos que recobro y las que dejo
vuelvo a tener un rostro en el espejo
y encuentro mi mirada

propios y ajenos vienen en mi ayuda
preguntan las preguntas que uno sueña
cruzo silbando por el santo y seña
y el puente de la duda

me fui menos mortal de lo que vengo
ustedes estuvieron / yo no estuve
por eso en este cielo hay una nube
y es todo lo que tengo

tira y afloja entre lo que se añora
y el fuego propio y la ceniza ajena
y el entusiasmo pobre y la condena
que no nos sirve ahora

vuelvo de buen talante y buena gana
se fueron las arrugas de mi ceño
por fin puedo creer en lo que sueño
estoy en mi ventana

nosotros mantuvimos nuestras voces
ustedes van curando sus heridas
empiezo a comprender las bienvenidas
mejor que los adioses

vuelvo con la esperanza abrumadora
y los fantasmas que llevé conmigo
y el arrabal de todos y el amigo
que estaba y no está ahora

todos estamos rotos pero enteros
diezmados por perdones y resabios
un poco más gastados y más sabios
más viejos y sinceros


vuelvo sin duelo y ha llovido tanto
en mi ausencia en mis calles en mi mundo
que me pierdo en los nombres y confundo
la lluvia con el llanto

vuelvo / quiero creer que estoy volviendo
con mi peor y mi mejor historia
conozco este camino de memoria
pero igual me sorprendo.

3 comentarios:

RA dijo...

con calma volvo-col que los sentimientos, como las cajas, necesitan su espacio y su tiempo para recolocarse en su nuevo lugar.

Jesús dijo...

hola volvoretilla, cómo te va? Con eso de que te has ido del barrio, ya ni se te ve "revolotear". A ver si nos vemos. Y que razón tienes, a veces es muy difícil volver, pero al final el alma siempre logra encontrar su sitio. Besos

Anónimo dijo...

EL REGRESO

Permanecí inmóvil, sin precipitarme, estudiando el terreno. Ahora era , en verdad, un hombre. Mas sabio y mas adulto. Envejecido no tanto por el trascurso de los años como por las perdidas sufridas. Había perdido ilusiones y amigos en el camino. Me faltaba el sueño y los motivos de regocijo. Pero de todas las perdidas, la mayor residía en mi conciencia. Me era imposible olvidar cuanto sabia. Deseaba no haber aprendido tanto, había envejecido con el peso de los conocimientos.
Mas el conocimiento produce beneficios, por supuesto. Ahora era menos impulsivo. La madurez me confería una mayor perspectiva; una estructura donde fijar los eventos de mi vida. Una cuadricula de coordenadas que abarcan toda mi existencia, desde mis primeros recuerdos hasta los futuros. Una cuadricula compuesta por sombras y rincones que se extienden hasta el limite del horizonte.
El horizonte, delante el futuro es largo y el pasado remoto.
Espere paciente la llegada del tren, al caer la noche subí al triste vagón cuyo único inquilino era yo. Es curioso, cada vez que cojo un tren de noche pienso que la vida no se acaba. Para un hombre sin sueño, las noches son demasiado largas. Sentado, empecé a rememorar la filosofía que ellos me enseñaron, la máxima establecida:

No hay emoción; hay paz
No existe la ignorancia; existe el conocimiento
No hay pasión; hay serenidad
No hay miedo; hay equilibrio

Llegue de madrugada, el jefe de estación dormía y el anden parecía esperarme solo a mi. Todo viaje tiene un punto de partida, pero el de llegada varia según un pentagrama universal que marca el ciclo vital de la humanidad.
Al salir de estación fui al lugar previamente establecido. La duda, la sin razón y el miedo guiaron mis pasos a un lugar que por conocido no dejaba de ser extraño e inhóspito a mi corazón. Todo ser humano tiene un refugio un lugar donde sufre una regresión, donde se vuelve niño, pero al salir de ese caparazón el cordón umbilical se rompe y observa un mundo que sigue estando ahí.
Empezaba a amanecer tras el acantilado, la luz me dolía, tal vez por que en la oscuridad las penas se vuelven pardas y no las vemos con nitidez. Pero ese día, la luz parecía no poder abrir la noche.
Cuatro hombres vestidos de negro me esperaban. Con una venia nos saludamos y miramos el mar. Infinito como la sabiduría y doliente como el ser humano. Un ser que tiene la capacidad de elegir una verdad, tal vez ese sea el secreto de los acantilados donde nos encontrábamos.

- El circulo se ha cerrado, entremos, dijo con voz grave la persona de mi izquierda.

Mientras caminaba, me acordaba de la pregunta que hace pocas horas le hice a mi madre:

- ¿ Como sabré que me he hecho mayor?
- Cuando te de un beso y no se te pase la pena, contesto.