En camino

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martes, 16 de diciembre de 2014

Decálogo a favor de los Reyes Magos o contra un gigantón rojo llamado Santa por José María Rodríguez Olaizola sj

Oigo, con susto, que en mi ciudad va a haber cabalgata de Papa Noel... Ay, ay, ay. Así que quiero rescatar unas cuantas recomendaciones a favor de los Reyes Magos, por si acaso... (sí, sí, ya sé que muchos dirán que no hay que ser extremista, que todo se puede compaginar, que después de todo, San Nicolás y bla, bla...) Pero aquí me reservo el derecho a aferrarme a mis manías. Y por tanto, propongo:

Uno. No cantar villancicos sobre un reno llamado Rudolph el de la nariz roja (ni siquiera para aprender inglés). Lo siento, sé que es muy radical y que nuestros hijos, sobrinos, hermanitos y demás lucen muy monos, como recién sacados de una película navideña de Jiliwood, pero hay que optar.

Dos. No adelantar los regalos al 24 de diciembre con la excusa de que es cuando aterriza el trineo. Todo el mundo sabe que vienen en camello y que hasta el 6 de enero no llegan. (y además los únicos trineos que vuelan son los que se despeñan) ¿Y el cuento de que así los niños disfrutan de los juguetes? Pero si toda la vida lo que uno disfrutaba de las navidades era precisamente la espera ansiosa de que llegase la noche de Reyes. ¿Qué tal esto de educar para esperar un poquito?

Tres. No a los renos. Sí a los camellos. ¿Joroba? Por supuesto, dos. (una si son dromedarios)

Cuatro. Nombres proscritos: San Nicolás, Santa claus, Papá Noel, y por encima de todos, el simple, familiar, cómplice: Santa (sin aditamentos). Por favor.

Cinco. Prohibido comprar y vestir gorros de pitufo rojos terminados en una borla blanca. Ni para cantar villancicos, ni para demostrar espíritu navideño, ni para despedidas de soltero, ni nada.

Seis. La proxima medida es muy dramática y requerirá bastante esfuerzo por parte de las familias. Precaución, no dejen a sus hijos, primos, etc. intoxicarse viendo telefilmes donde aparece una y otra vez un dulce abuelito que resulta ser Santa Claus. Hay dos alternativas para ese boicot: Cambiar de canal, a riesgo de encontrarse con los programas del corazón –donde por otra parte estarán los memos de siempre, pero con gorrito de pitufo colorado. En este caso el remedio es peor que la enfermedad. La otra posibilidad es ver la peli, pero dejar caer suficientes comentarios demoledores sobre lo absurdo del gigantón rojo (entiéndase bien que aquí no hablamos de ideologías), y sutiles alabanzas a Melchor, Gaspar y Baltasar.

Siete. No lleven a sus niños a sentarse en el regazo de Papá Noeles comerciales. Llévenlos a ver a los reyes magos o a sus emisarios (carteros reales), que visitan otros centros comerciales. (La presión sobre las empresas siempre es eficaz, pero sólo si conseguimos movilizar a suficientes familias)

Ocho. No poner en el hogar adornos papanoeleros. Ya bastante invasión tenemos con las bolas y el espumillón. Nosotros al nacimiento (con ovejitas, pastores, REYES MAGOS, estrella y demás, pero sin renos ni trineos ni nada más)

Nueve. Los reyes magos nos importan no por lo ricos que son y la cantidad de juguetes que tienen, sino porque fueron capaces de descubrir una forma distinta de mirar al mundo, y aprendieron a ver a un Dios oculto en un pesebre.

Diez. Difunde lo más posible esta u otras iniciativas

Tomo del perfil de facebook de Jose María Rodríguez Olaizola sj este hilarante y genial decálogo a favor de sus Majestades de Oriente y en contra de un gordito regordete y rojo llamado Santa. Este individuo, que también responde al nombre de Papá Noel, Santa Claus y algún otro, lleva décadas colándose en nuestras casas en estas fechas y en los últimos años su presencia amenaza la propia "existencia" de nuestros queridos Melchor, Gaspar y Baltasar. Lea, disfrute, sonría, extraiga sus propias conclusiones y, si está de acuerdo con la Operación en defensa de los RRMM, ¡comparta! 

"Oigo, con susto, que en mi ciudad va a haber cabalgata de Papa Noel... Ay, ay, ay. Así que quiero rescatar unas cuantas recomendaciones a favor de los Reyes Magos, por si acaso... (sí, sí, ya sé que muchos dirán que no hay que ser extremista, que todo se puede compaginar, que después de todo, San Nicolás y bla, bla...) Pero aquí me reservo el derecho a aferrarme a mis manías. Y por tanto, propongo:

Uno. No cantar villancicos sobre un reno llamado Rudolph el de la nariz roja (ni siquiera para aprender inglés). Lo siento, sé que es muy radical y que nuestros hijos, sobrinos, hermanitos y demás lucen muy monos, como recién sacados de una película navideña de Jiliwood, pero hay que optar.

Dos. No adelantar los regalos al 24 de diciembre con la excusa de que es cuando aterriza el trineo. Todo el mundo sabe que vienen en camello y que hasta el 6 de enero no llegan. (y además los únicos trineos que vuelan son los que se despeñan) ¿Y el cuento de que así los niños disfrutan de los juguetes? Pero si toda la vida lo que uno disfrutaba de las navidades era precisamente la espera ansiosa de que llegase la noche de Reyes. ¿Qué tal esto de educar para esperar un poquito?

Tres. No a los renos. Sí a los camellos. ¿Joroba? Por supuesto, dos. (una si son dromedarios)

Cuatro. Nombres proscritos: San Nicolás, Santa claus, Papá Noel, y por encima de todos, el simple, familiar, cómplice: Santa (sin aditamentos). Por favor.

Cinco. Prohibido comprar y vestir gorros de pitufo rojos terminados en una borla blanca. Ni para cantar villancicos, ni para demostrar espíritu navideño, ni para despedidas de soltero, ni nada.

Seis. La proxima medida es muy dramática y requerirá bastante esfuerzo por parte de las familias. Precaución, no dejen a sus hijos, primos, etc. intoxicarse viendo telefilmes donde aparece una y otra vez un dulce abuelito que resulta ser Santa Claus. Hay dos alternativas para ese boicot: Cambiar de canal, a riesgo de encontrarse con los programas del corazón –donde por otra parte estarán los memos de siempre, pero con gorrito de pitufo colorado. En este caso el remedio es peor que la enfermedad. La otra posibilidad es ver la peli, pero dejar caer suficientes comentarios demoledores sobre lo absurdo del gigantón rojo (entiéndase bien que aquí no hablamos de ideologías), y sutiles alabanzas a Melchor, Gaspar y Baltasar.

Siete. No lleven a sus niños a sentarse en el regazo de Papá Noeles comerciales. Llévenlos a ver a los reyes magos o a sus emisarios (carteros reales), que visitan otros centros comerciales. (La presión sobre las empresas siempre es eficaz, pero sólo si conseguimos movilizar a suficientes familias)

Ocho. No poner en el hogar adornos papanoeleros. Ya bastante invasión tenemos con las bolas y el espumillón. Nosotros al nacimiento (con ovejitas, pastores, REYES MAGOS, estrella y demás, pero sin renos ni trineos ni nada más)

Nueve. Los reyes magos nos importan no por lo ricos que son y la cantidad de juguetes que tienen, sino porque fueron capaces de descubrir una forma distinta de mirar al mundo, y aprendieron a ver a un Dios oculto en un pesebre.

Diez. Difunde lo más posible esta u otras iniciativas"

Escrito por JM Rodríguez Olaizola sj
Puedes seguir sus geniales tuits, también sobre Santa, en @jmolaizola

domingo, 14 de diciembre de 2014

Tiempo de TU alegría #SusurrosdeAdviento


TU ALEGRIA INSOBORNABLE
Concédenos, Señor, tu alegría insobornable.
La diversión tiene precio y propaganda,
y sus mercaderes son expertos.
Se alquila la evasión fugaz
con sus rutas exóticas y vanas.
Se bebe el gozo con tarjetas de crédito
y se estruja como un vaso desechable.
Pero tu alegría no tiene precio,
ni podemos seducirla.
Es un don para ser acogido y regalado.
Concédenos, Señor, tu alegría sorprendente.
Más unida al perdón recibido
que a la perfección farisaica de las leyes,
encontrada en la persecución por el reino,
más que en el aplauso de los jefes.
Crece al compartir lo mío con los otros.
y se muere al acumular lo de los otros como mío.
Se ahonda al servir a los criados de la historia,
más que al ser servidos como maestros y señores.
Se multiplica al bajar con Jesús al abismo humano,
se diluye al trepar sobre cuerpos despojados.
Se renueva al apostar por el futuro inédito,
se agota al acaparar las cosechas del pasado.
Tu alegría es humilde y paciente
y camina de la mano de los pobres.
Concédenos, Señor, la “perfecta alegría”.
La que emana como una resurrección fresca
entre escombros de proyectos fracasados.
La que no logran desalojar de los pobres
ni la cárcel de los sistemas sociales
ni los edictos arbitrarios de los amos.
La decepción más honda y golpeada
no puede blindarnos para siempre
contra su iniciativa inagotable.
Tu alegría es perseguida y golpeada,
Pero es inmortal desde tu Pascua.
Concédenos, Señor, la sencilla alegría.
La que es hermana de las cosas pequeñas,
de los encuentros cotidianos
y de las rutinas necesarias.
La que se mueve libre entre los grandes,
sin uniformes ni gestos entrenados.
como brisa sin amos ni codicia.
Tu alegría es confiada y veraz,
ve la más pequeña criatura amada por ti,
con un puesto en tu corazón y en tu proyecto.
Benjamín González Buelta, s.j.