http://ainkarem.es/wordpress/wp-content/docs/letras/escucha.pdf
Escuha, de Ain Karem:
http://ainkarem.es/
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Palabras para Julia
Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable,
hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada,
te sentirás perdida o sola,
tal vez querrás no haber nacido,
yo se muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado,
entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí pensando en ti
como ahora pienso.
Un hombre solo, una mujer
así tomados de uno en uno
son como polvo, no son nada,
pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otros hombres,
tu destino está en los demás,
tu futuro es tu propia vida,
tu dignidad es la de todos,
entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí pensando en ti
como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino,
nunca digas no puedo más y aquí me quedo,
la vida es bella
tú verás como a pesar de los pesares
tendrás amor
tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio,
perdóname no sé decirte nada más,
pero tú comprende que yo aún estoy en el camino,
y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.
José Agustín Goytisolo

LOS MÁRTIRES DE LA UCA. EXIGENCIA Y GRACIA
Discurso pronunciado en la Universidad de Santa Clara, California, el 5 de
noviembre de 2009
JON SOBRINO, jsobrino@cmr.uca.edu.sv
EL SALVADOR.
http://www.eclesalia.net
ECLESALIA, 16/11/09.- Hace veinte años
asesinaron a mis hermanos jesuitas de la UCA, a Julia Elba y Celina. Yo
estaba en Tailandia, y de regreso a El Salvador tenía que pasar por San
Francisco. En el aeropuerto me esperaban, con rostros impávidos, Steve
Prevett y Peggy O�Grady. En las calles de San Francisco, con un parlante en
la mano, Paul Locatelli condenaba los asesinatos, y Tessa Rouverol le
acompañaba. Me trajeron a la universidad de Santa Clara. La comunidad me
acogió como a un hermano y en ella pasé varias semanas. Al llegar me
encontré con ocho cruces plantadas delante de la Iglesia. Y cuando un
desalmado las arrancó, Paul Locatelli inmediatamente las volvió a plantar.
Nunca lo olvidaré. Por eso, ahora tengo un sentimiento de “volver a casa”.
Sobre estos mártires quiero hablarles, con agradecimiento por lo que fueron
e hicieron, pero también con la convicción de que es vital mantenerlos vivos
y de que sería fatal dejarlos morir. Los mártires, ellos y ellas, nos
confrontan con nosotros mismos sin escapatoria, iluminan las realidades más
profundas de nuestro mundo y lo que hay que hacer con él. Tenemos que
enfrentarnos a los ídolos que exigen víctimas en el tercer mundo, aunque sus
raíces más hondas están en el primero, y tenemos que trabajar por revertir
la historia, y salvar así a una civilización que está gravemente enferma,
como decía Ignacio Ellacuría, a un mundo en trance de muerte, como dice Jean
Ziegler. A los cristianos los mártires nos señalan, mejor que nada y sin
temor a equivocarnos, el camino a seguir. Son los que más nos empujan al
seguimiento de Jesús y mejor nos introducen en el misterio de su Dios.
En el mundo que llamamos de abundancia la palabra “mártir” produce
extrañeza, incluso repulsión, pero entre nosotros -y aquí asoma la paradoja
cristiana- también produce luz, ánimo y agradecimiento. Por eso no
debiéramos permitir que la palabra “mártir” pierda su vigor. Debe mantenerse
como referente cristiano y social insustituible para humanizar a este mundo.
Exactamente como la cruz de Jesús. Por esa razón hablaré ahora sobre los
ocho mártires de la UCA.
Para ponerlo en un contexto, no sólo académico, sino humano, comienzo
recordando cuál fue la reacción ante sus muertes de dos personas bien
conocidas. Uno, el Padre Arrupe. Cuando los mataron, estaba ya en cama
prácticamente sin poder pronunciar palabra ni comunicarse. Cuenta el
enfermero que, al darle la noticia, “el Padre Arrupe se echó a llorar”. Era
todo lo que podía hacer, pero en el llanto el Padre Arrupe se dio a sí mismo
por entero. El otro, Noam Chomsky. Al cumplir 80 años en marzo de este año,
un periodista le preguntó qué le daba fuerza para continuar en la lucha.
“Imágenes como ésa”, respondió. Y señaló con la mano un cuadro en el que
aparece el arzobispo Romero y los seis jesuitas de la UCA.
Estos seres humanos tocan las fibras más hondas de cualquier persona
honrada. Son un referente vivificante. Ciertamente los seis jesuitas. Y
también Julia Elba y Celina, aunque éstas siempre nos dejan sin palabra. En
ellas se hace presente el mysterium iniquitatis. (Eclesalia Informativo
autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su
procedencia).