En camino

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jueves, 23 de octubre de 2014

De otoños otoñales y resfriados

Llamadme rara pero no estoy acostumbrada a otoños otoñales ni a primaveras primaverales, en mi ciudad no hay, o debería decir no solía haber hasta ahora, "estaciones intermedias", pasábamos de la manga corta al abrigo y de las sandalias a las botas sin solución de continuidad... Pero hete aquí que a estas alturas este año continuamos con temperaturas casi veraniegas (ayer cercanas a los 25º) unidas a temperaturas más normales para este fecha (10º) a primeras horas de la mañana... Total, que mi organismo se ha vuelto loco y tengo un resfriado considerable, el segundo ya de esta temporada... Teniendo en cuenta que el año pasado no tuve ninguno ya he superado el cupo para este curso y apenas llevamos dos meses...
Me duele la cabeza, tengo la nariz taponada y uno de mis ojos se ha sublevado y va por libre y lagrimea sin parar... 
Cerraré el chiringuito por hoy y pasaré por una farmacia para comprar algo que tapone el lagrimal y destapone la mucosa nasal y los oídos...
De camino a casa compraré naranjas y veré si en algún sitio me venden kilo y medio de paciencia :)
Un abrazo virtual, libre de virus y bacterias, para cada uno/a...

Escucha mujer por Dolores Aleixandre rscj


Escucha mujer, mujer de todos los días que andas en un activismo febril, en quehaceres más o menos importantes, envuelta en la rutina de tus trabajos y sumida en la urgencia de tus tareas.
Escucha, tú que estás nerviosa y ansiosa, agobiada por tu casa, por tu familia, por las muchas cosas que tienes que hacer, por lo mucho que hay que cambiar.
Escucha tú, mujer de prisas, rutinas y evasiones, que atropellas la vida, que tienes miedo de entrar en ti misma y te dejas envolver por las voces de la radio, de la televisión, de las conversaciones triviales.
Para, sosiégate, deja un momento tus ocupaciones habituales, entra un instante en ti misma, lejos del tumulto de tus pensamientos, arroja fuera de ti tus preocupaciones agobiantes.
Déjate envolver por la mirada de tu Dios, entra en el aposento de tu alma y descansa, aunque sólo sea un momento, entre sus manos.
Dile: “Busco tu rostro, Señor, no me escondas tu rostro, déjame encontrar mi ser más hondo a la sombra de tu presencia. Voy a esperar quietamente, sosegadamente, que en medio de mi silencio nazca tu Palabra”
Dolores Aleixandre
Tomado de Oleada Joven